ETA mató en Berriozar a Francisco Casanova Vicente, subteniente del Ejército de Tierra de 46 años.
Un etarra le disparó en tres ocasiones en la cabeza en el garaje de casa. Los disparos mataron en el acto a Francisco Casanova. Un etarra le había esperado en la calle a que volviera de su trabajo, hacia las tres y cuarto de la tarde y le atacaron en cuanto metió el coche al garaje. Después huyó corriendo. Posiblemente le esperaba otro etarra en las cercanías, en un coche.
Después del trabajo
Francisco Casanova había estado trabajando en el cuartel de Aizoáin entre las ocho de la mañana y las tres de la tarde. No siempre volvía por el mismo recorrido. El militar, entre otras medidas de seguridad, solía cambiar los itinerarios entre el cuartel y su casa, un chalé adosado en el 109 de la calle Askatasuna de Berriozar, en la Urbanización Zortziko.
Francisco Casanova, a bordo de su Ford Mondeo blanco, el NA-3656-AK, llegó a la calle Askatasuna hacia las 15.15 horas. Como todos los días, vestía de paisano. El militar introdujo el coche en el garaje, adosado a la parte delantera del chalé. En casa le esperaban su mujer, Rosalía Sáinz, y sus dos hijos, Javier, de 11 años, y Laura, de 6. Con ellos había pasado el fin de semana en Burgos, de donde era originaria su esposa. El había nacido en la localidad riojana de Igea, pero había vivido muchos años en Castejón.
Tres disparos
Según el ministro de Interior, Jaime Mayor Oreja, dos hombres cometieron el atentado. Uno realizó los disparos y otro posiblemente esperó con un coche.
El etarra se acercó al garaje y disparó tres veces, a través de la ventanilla trasera izquierda del coche. Mató al militar en el acto. Según los primeros diagnósticos, el cuerpo presentaba dos orifi ios de bala en la cabeza, uno en la sien y otro en el ojo. También tenía otra herida en la mano. Por la posición de las lesiones, es posible que Francisco Casanova notará que los etarras venían por detrás y girara la cabeza para tratar de verlos.
La Guardia Civil encontró más tarde tres casquillos de bala en el lugar del atentadp. Dos estaban fuera del garaje: en una de las paredes, junto a la puerta, y en la rampa que permite salvar el bordillo de la acera y llegar a la carretera. El tercer casquillo se halló ya dentro del garaje. En el reposacabezas del conductor se podía ver una muesca posiblemente ocasionada por una de las balas. El coche apareció con la puerta entreabierta y la ventanilla del conductor bajada.
El cuerpo de Francisco Casanova quedó sentado en el coche, ligeramente desplazado hacia la derecha y con la cabeza apoyada en el volante. Sos Navarra, que recibió aviso del atentado a las 15.22 horas, envió hasta Berriozar una ambulancia medicalizada de la DYA.
Los facultativos no pudieron hacer nada por su vida. Colocaron un monitor capaz de detectar el pulso, pero el encefalograma de Francisco Casanova era ya plano. La médico de la ambulancia decidió que todo intento de reanimación era inútil y que sólo podía certificar la muerte del militar del cuartel de Aizoáin.
Su hijo, el primero en verle
Javier, su hijo mayor, de 11 años, fue el primero en verle. Bajó al garaje al oír las detonaciones y se encontró con su padre ya muerto. Unos vecinos le llevaron a su casa, aunque el niño volvió a su domicilio más tarde, cuando habían retirado el cadáver. A su hermana Laura, de 6 años, la acompañaron hasta la piscina de la localidad. Los padres del militar también llegaron a la casa cuando el cadáver todavía no había sido levantado.
Hubo vecinos que descubrieron lo ocurrido por los gritos de la mujer del militar, Rosalía. Uno de ellos, que reside en el chalé de enfrente, aseguró que oyó cuatro detonaciones. Según su testimonio, sonó un primer disparo y después se oyeron seguidos otros tres.
Otros vecinos no se percataron del atentado hasta que lle garon las ambulancias. "He oído tres ruidos que me han parecido petardos. No le he dado más importancia hasta que he visto todo esto", aseguraba el propietario de un bar cercano.
Francisco Casanova vivía en Berriozar desde hace 14 años y residía en la urbanización desde que se construyó, hace nueve años. El militar, que había ascendido el año pasado a subteniente, trabajaba en el Órgano Asesor del Mando en Asuntos Diversos. Se encargaba, entre otras actividades, de realizar test psicológicos a los reclutas y los aspirantes a militar y de las relaciones con la prensa en desfiles, juras de bandera y otros actos militares. Francisco Casanova, que había sido destinado al Regimiento de Cazadores de Montaña América 66 de Pamplona en 1979, había estudiado graduado social y, según los vecinos, estaba cursando estudios de Derecho. Contaba con un curso de estadística militar NBQ y un diploma de psicotecnia militar.
La posible huida
Los etarras huyeron inmediatamente. Algunos testigos vieron a un hombre vestido de verde que se alejaba corriendo hacia la calle Errota, perpendicular a la Askatasuna.
Posiblemente torcieron hacia la izquierda para llegar a la calle Lantzeluze. Este trayecto, de apenas 200 metros, permitía a los etarras una salida fácil si, como es probable, les esperaba un coche: la calle lleva directamente a la Ronda Norte.
A los pocos minutos del atentado, en la calle Askatasuna se vivió un revuelo de policías. Primero acudieron los municipales de Berriozar y después la Guardia Civil. Los agentes cerraron la calle y se instalaron controles policiales en las entradas de Berriozar. Sin embargo, los investigadores carecen todavía de pistas.
La juez de guardia, Aurora Ruiz Ferrero, llegó al lugar del atentado a las cinco menos cinco de la tarde y decretó el levantamiento del cadáver. El furgón fúnebre salió entre los aplausos de decenas de vecinos.
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